Salmo 111 — Sabiduría y el temor del Señor


El corazón del salmo

Tema:
La verdadera sabiduría comienza con un temor reverente, ya que las poderosas obras de Dios y su fidelidad al pacto forman la base de una vida ordenada por la alabanza.

Tono:
Reflexivo

Estructura:
Un llamamiento deliberado a la alabanza, seguido de una contemplación estudiada de las obras y del pacto de Dios, terminando en una conclusión de sabiduría: el temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría.


El viaje emocional

La llamada
El salmo se abre con una decisión firme: la alabanza no será un impulso privado sino una postura pública —ofrecida “con todo mi corazón” entre el pueblo de Dios. La adoración aquí es intencional, casi disciplinada, como si el alma se recogiera para mirar fija y seriamente al Señor.

La reflexión
La meditación se convierte en sabiduría: las obras de Dios no son meramente impresionantes; tienen peso moral —marcadas por justicia, equidad, misericordia y fidelidad constante. El salmista se detiene en lo que Dios ha hecho y en lo que eso revela acerca de quién es Dios:

  • Sus obras son “recordadas”, no porque Dios olvide, sino porque los corazones que adoran deben ser entrenados para recordar.
  • Su provisión y “alimento” hablan de un cuidado que alcanza la vida ordinaria, no sólo momentos de espectáculo.
  • Su pacto está detrás de sus dones: la gracia no es una bondad aleatoria sino un compromiso fiel.
    Aun la mención de la redención y del temor santo no pretende asustar la conciencia sensible, sino reordenarla —para que la vida se viva a la luz de la majestad de Dios, y no bajo la tiranía del yo.

La resolución
El salmo concluye con un veredicto sereno y clarificador: el temor del SEÑOR es el principio de la sabiduría. El fin no es la mera admiración sino la instrucción —alabanza que se vuelve práctica, reverencia que se vuelve obediencia. Y la nota final se mantiene firme: la alabanza de Dios “permanecerá para siempre”, anclando la sabiduría en una realidad que perdura más allá de las estaciones cambiantes y del juicio humano inconstante.


Conexión con Cristo

El Salmo 111 abre una puerta hacia Cristo sin forzar detalles. Celebra el carácter redentor y fiel al pacto de Dios —plenamente mostrado en Jesús. En Él, las “obras” de Dios no sólo son recordadas sino encarnadas: misericordia con justicia, santidad con compasión, justicia con poder salvador. La conclusión de sabiduría del salmo también encuentra su cumplimiento en Cristo, quien es llamado la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24). Temer al SEÑOR de forma correcta no es esconderse de Él, sino someterse a su señorío —y en Cristo, ese temor santo se encuentra con el amor santo, atrayéndonos a una adoración que transforma la vida.


Perspectiva histórica y hebrea

El Salmo 111 es un acróstico alfabético: cada línea comienza con una letra hebrea sucesiva. Esta artesanía ralentiza al lector —la sabiduría no se apresura. La forma misma se convierte en una especie de discipulado, enseñando al corazón a “estudiar” las obras de Dios de la A a la Z con atención reverente.


Verso clave para meditar

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su alabanza permanece para siempre.” — Salmo 111:10

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Cómo describe el salmo el compromiso del salmista con la alabanza?

2. ¿Qué veredicto final da el salmo sobre la sabiduría?