Tema:
El Señor reina en santidad majestuosa, no amenazado por el rugido del caos, y su palabra permanece firme para siempre.
Tono:
Alabanza llena de asombro y firme.
Estructura:
Una declaración real del reinado de Dios, seguida de un contraste con las aguas embravecidas, terminando en una adoración confiada por el testimonio seguro de Dios y su santidad.
El llamado
El salmo comienza con una proclamación clara e inequívoca: “El SEÑOR reina.” La alabanza aquí no se activa por circunstancias cambiantes sino que se ancla en quien Dios es. El corazón se eleva desde lo que parece inestable hacia el que está vestido de majestad y poder—Rey no por permiso, sino por naturaleza.
La reflexión
Al contemplar, el salmista no presenta el mundo como tranquilo. Las “inundaciones” se levantan y rugen, imagen de amenaza, desorden y fuerzas que parecen demasiado ruidosas como para ignorarlas. Sin embargo, el centro emocional no es el miedo—es la perspectiva. Sobre el estruendo de las aguas se impone una realidad mayor: Dios es más poderoso.
El salmista no argumenta la grandeza de Dios; la contempla. El trono de Dios no es recién establecido, como si la historia pudiera deponerle. Es antiguo, firme y eterno. Esa certeza convierte la adoración en firmeza serena: si Dios reina, entonces aun lo que se agita no es lo último.
La resolución
La conclusión se asienta en una confianza reverente. Los “testimonios” de Dios son seguros—su verdad hablada y su voluntad declarada no cambian con las mareas. Y puesto que el Rey es santo, su casa debe reflejar su santidad. El salmo termina con una adoración que se vuelve obediencia: no solamente admirar la gloria de Dios, sino honrarla con una vida y una comunidad moldeadas por lo que le es propio—a Dios le conviene la santidad “por los siglos.”
El Salmo 93 alaba al Señor como Rey eterno cuyo gobierno no puede ser ahogado por la turbación del mundo. En los Evangelios, Jesús revela esa misma autoridad divina no como un poder prestado, sino como el reinado de Dios acercándose en él. Cuando Cristo calma la tormenta con una palabra, hace más que apaciguar el clima—revela al Señor que es “más poderoso que las olas del mar.”
Y en su muerte y resurrección, las aguas más profundas—el pecado, el juicio y la muerte—se levantan contra él y son vencidas. El Rey cuyo trono es desde la eternidad establece un reino que no puede ser sacudido, y hace a su pueblo morada santa por su Espíritu—encajando con el final del salmo: la santidad conviene a la casa de Dios.
La palabra repetida “inundaciones” (hebreo נְהָרוֹת, neharot) probablemente evoca más que ríos literales; en el lenguaje de la adoración de Israel puede simbolizar fuerzas caóticas y amenazantes que se oponen al orden de Dios. El Salmo 93 responde a esa simbología con adoración: el caos puede ser ruidoso, pero no es rey.
"Los testimonios de Jehová son verdaderos; la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos." — Salmo 93:5 (RVR1960)
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1. ¿Qué imagen se usa para representar la amenaza y el desorden en la reflexión del salmo?
2. Según la conclusión del salmo, ¿qué se dice acerca de los testimonios del Señor y de su casa?