Salmo 90 — La brevedad de la vida y la eternidad de Dios


El corazón del salmo

Tema:
Solo el Dios eterno puede enseñar a la gente fugaz a vivir con sabiduría, arrepentirse profundamente y esperar una misericordia que perdure más allá de nuestros años.

Tono:
Reflexivo y sobrio, pero suplicante de misericordia y gozo duradero.

Estructura:
De la eternidad de Dios, a la fragilidad humana bajo la ira, a una oración de sabiduría para contar los días y ver la obra establecida.


El viaje emocional

La invocación
El salmo se abre con una confesión firme: Dios ha sido una “morada” a través de las generaciones. Antes de que se haga cualquier petición, el corazón se ancla en quién es Dios: inmutable, anterior a la creación y por tanto capaz de acoger la vida frágil de su pueblo sin verse amenazado por ella.

La reflexión
La sabiduría llega con un contraste austero. Dios es eterno; nosotros volvemos al polvo. Mil años son como la guardia de la noche; nuestras vidas se sienten como la hierba: brevemente erguidas, pronto secas. El salmista no trata la mortalidad como un hecho neutral sino como una realidad espiritual de peso: nuestros días se viven ante la santidad de Dios, y el pecado queda expuesto a su luz. La brevedad de la vida se convierte en más que tristeza: se vuelve instrucción. Si el tiempo es corto, entonces el corazón debe ser enseñado. La verdadera sabiduría no es astucia sino el temor del Señor expresado en humildad: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.”

Aquí el centro emocional se profundiza: se nombra el dolor, se reconoce la ira de Dios, y sin embargo la oración persiste. El salmista se atreve a pedir que el Dios que disciplina también tenga compasión—que el desagrado divino no sea la última palabra sobre la debilidad humana.

La resolución
El salmo concluye convirtiendo la sabiduría en súplica. Si nuestros años son afligidos, entonces Dios debe “satisfacer” a su pueblo con amor constante para que pueda haber gozo aun dentro de los límites. La esperanza final no es escapar de la finitud sino recibir gracia dentro de ella: que Dios haga visible su obra a sus siervos y “establezca” la obra de sus manos. Lo que es breve se ofrece al que es eterno, pidiéndole que le dé permanencia y sentido que nosotros no podemos fabricar.


Conexión con Cristo

El Salmo 90 entrena el corazón para buscar refugio solo en Dios, y en Cristo ese refugio se vuelve personal y cercano. Jesús entra en nuestra brevedad—tomando carne, viviendo días contados y cargando el pecado bajo el peso del juicio divino—para que la ira de Dios no sea la última palabra para los que confían en Él. En Él, la oración “Vuélvete, oh Jehová” halla una respuesta más profunda: Dios ha venido a nosotros en el Hijo.

Cristo también cumple el anhelo del salmo por obra duradera. Nuestro trabajo se desvanece, pero su obra permanece—terminada en la cruz, vindicada en la resurrección y extendida por su Espíritu. Porque Él es el Señor eterno que entró en nuestro tiempo, los creyentes pueden orar el Salmo 90 con realismo acerca de la muerte y con la esperanza de que Dios establecerá lo que se hace en fe.


Perspectiva histórica y hebrea

La súplica “enséñanos a contar nuestros días” usa el verbo hebreo מָנָה (manah), “contar/designar”. No es mera aritmética sino una disciplina espiritual: recibir los días como asignados por Dios, de modo que la humildad, el arrepentimiento y la vida sabia broten del reconocimiento de su orden soberano del tiempo.


Versículo clave para meditar

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.” — Salmo 90:12 (RVR1960)

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Qué confiesa el salmo acerca de Dios al comienzo?

2. Según las imágenes del salmo, ¿a qué se comparan las vidas humanas debido a su brevedad?