Salmo 118 — Acción de gracias por la misericordia eterna del Señor


El corazón del salmo

Tema:
La gratitud se eleva en alabanza pública cuando el adorador rescatado declara que el amor fiel del Señor perdura más allá de toda amenaza y de todo apoyo humano.

Tono:
Jubiloso y confiado.

Estructura:
Un llamado comunitario a dar gracias, un testimonio personal de liberación, una procesión de alabanza y una bendición final que vuelve a la acción de gracias.


El viaje emocional

El llamado
El salmo comienza ampliando la gratitud hasta convertirla en invitación: todos —Israel, los sacerdotes y todos los que temen al Señor— son convocados a decir en voz alta lo que es verdad una y otra vez: la misericordia de Dios no se acaba. La acción de gracias aquí no es un sentimiento privado; es una confesión compartida que pretende sostener el corazón de todo el pueblo.

La reflexión
Desde ese coro el salmista se vuelve hacia su interior, recordando la presión y el temor —estar “acorralado”, rodeado y empujado hasta casi caer. Sin embargo, el centro emocional no es el peligro mismo, sino el momento del rescate: “Llamé… y el SEÑOR respondió y me puso en lugar espacioso” (paráfrasis). La acción de gracias se convierte en la lente interpretativa de todo lo sucedido. La ayuda humana queda expuesta como limitada, incluso poco confiable, mientras el Señor se muestra cercano, activo y fiel.

El salmo entonces eleva la gratitud hasta la maravilla de la adoración: el que fue rechazado es levantado, lo imposible se afirma y el día de la salvación se recibe como un don para regocijarse —no porque la vida sea sin esfuerzo, sino porque Dios ha actuado con decisión. Incluso la disciplina se relee a la luz de la misericordia: el Señor puede corregir, pero no entrega a su siervo a la muerte. El corazón de la acción de gracias aquí es concreto—Dios ha librado, sostenido y convertido el dolor en alabanza.

La resolución
El salmo cierra como un adorador llegando a las puertas: la gratitud busca expresión, no solo alivio. La alabanza se vuelve obediencia jurada —entrar, bendecir, ofrecer el sacrificio— y las palabras finales regresan al comienzo del salmo: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia.” La resolución es alegría firme: el rescatado no olvidará quién lo salvó, y la comunidad seguirá confesándolo juntos.


Conexión con Cristo

La acción de gracias de Salmo 118 alcanza su pleno significado en Jesús. El salmo celebra la “piedra” que fue desechada y luego hecha la piedra principal —lenguaje que el Nuevo Testamento aplica a Cristo, rechazado por muchos y, sin embargo, establecido por Dios como fundamento de la salvación. El clamor, “Bendito el que viene en el nombre de Jehová; De la casa de Jehová os bendecimos.” (RVR1960) se retoma en la entrada de Jesús en Jerusalén, donde la alabanza y la incomprensión se mezclan, y donde la obra salvadora de Dios vendrá a través del sufrimiento.

En Cristo, la gratitud del salmo no es solo por una escapatoria puntual, sino por una liberación más profunda: Dios respondiendo a la angustia trayendo vida de la muerte. La acción de gracias del creyente, entonces, queda anclada no en las circunstancias cambiantes, sino en la misericordia consumada de Dios revelada en el Hijo crucificado y resucitado.


Perspectiva histórica y hebrea

Una palabra clave en el Salmo 118 es חֶסֶד (ḥesed)—a menudo traducida “amor misericordioso” o “misericordia constante.” No es una bondad pasajera sino amor fiel del pacto: la lealtad comprometida de Dios expresada en ayuda real. El estribillo repetido, “porque para siempre es su ḥesed,” entrena al adorador para interpretar la liberación como fruto del compromiso inquebrantable de Dios con su pueblo.


Verso clave para meditar

"La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo." — Salmo 118:22

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Quién es convocado al principio para decir en voz alta que la misericordia del Señor no se agota?

2. En el testimonio del salmista, ¿qué ocurre después de que él clama y el SEÑOR responde?