Tema:
Dios reina como el gran Rey sobre toda la tierra, digno de alabanza plena y universal.
Tono:
Jubiloso y exaltador.
Estructura:
Una llamada amplia al culto, seguida de razones cimentadas en la realeza de Dios, y que termina con una alabanza en crescendo al ser exaltado entre las naciones.
La Llamada
El salmo comienza ampliando el círculo: no solo Israel, sino “todos los pueblos” son convocados a la celebración. La primera emoción no es una gratitud tranquila sino un júbilo santo—palmas, voces alzadas, gozo sin vergüenza. La adoración aquí es comunitaria y pública: el corazón no puede reservar para sí la grandeza de Dios.
La Reflexión
La alabanza se profundiza en reverente asombro cuando la razón del gozo se hace presente: el SEÑOR es “Altísimo”, Aquel cuyo dominio no es frágil, local ni temporal. Su reinado se presenta tanto majestuoso como activo—él somete y reúne, ordena la historia, asegura un lugar para su pueblo.
Sin embargo, el salmo se niega a permitir que la bendición de Israel se vuelva hacia lo interno. El reinado de Dios se extiende sobre las naciones, y los gobernantes de los pueblos son imaginados reuniéndose bajo el estandarte del Dios de Abraham. El movimiento emocional es notable: el júbilo madura en maravilla al darse cuenta los adoradores de que el trono de Dios está por encima no solo de sus problemas, sino de toda frontera que divide a la humanidad.
La Resolución
El salmo termina más alto de lo que comenzó—como una canción que encuentra una estrofa cada vez más poderosa. Dios “subió” con gritos y toque de trompeta; su entronización se celebra con alabanza deliberada y repetida. La postura final es adoración firme: Dios no es meramente victorioso; es exaltado. Su dominio permanece, invitando a una adoración continua marcada por gozo y reverencia juntos.
El Salmo 47 magnifica a Dios como Rey sobre toda la tierra—un himno que se cumple en Jesucristo, quien proclama el reino, derrota a los enemigos más profundos del pecado y la muerte, y reúne un pueblo de toda nación. La visión del salmo de Dios reinando “sobre las naciones” resuena con la autoridad universal del Cristo resucitado y con el alcance hacia afuera del evangelio.
Cuando el salmo celebra la ascensión de Dios “con un clamor”, los cristianos pueden oír un eco—no como predicción forzada, sino como armonía apropiada—de la exaltación de Cristo: el Rey crucificado levantado y entronizado, atrayendo a los pueblos a adorar al único Dios verdadero.
El mandato repetido “Cantad alabanzas” traduce el hebreo זַמְּרוּ (zammerû)—una palabra ligada a hacer música, a menudo con instrumentos. Su repetición subraya un punto: la adoración no es una admiración vaga sino alabanza intencional, en voz y forma—la verdad sobre Dios llevada por la melodía y la confesión.
"Porque Jehová es el Rey de toda la tierra; cantad con inteligencia." — Salmo 47:7
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿A quién se invita al principio a unirse a la celebración de alabanza?
2. ¿Cuál es la razón dada para cantar alabanzas en el versículo clave?