Salmo 147 — Alaba al Señor por Su gracia


El corazón del salmo

Tema:
El Señor es digno de una alabanza jubilos­a porque restaura a Su pueblo, gobierna la creación con perfecta sabiduría y se deleita en la confianza humilde y reverente.

Tono:
Jubiloso y reverente.

Estructura:
Una llamada repetida a la adoración seguida de motivos: la gracia de Dios al restaurar a los quebrantados, Su majestad sobre los cielos y la tierra, y Su cuidado especial por los que le temen.


El viaje emocional

La llamada
El salmo comienza con una invitación que suena tanto alegre como solemne: la alabanza no se presenta como adorno religioso, sino como lo que es “bueno” y “apropiado”. La adoración surge como la respuesta correcta cuando Dios se acerca—cuando vidas dispersas y gentes dispersas están siendo reunidas de nuevo.

La reflexión
La alabanza se profundiza en el asombro al unir lo que a menudo separamos: el Señor que “sana a los quebrantados de corazón” es el mismo Señor que “cuenta el número de las estrellas.” Su ternura no es un consuelo menor al lado de mayores poderes; es la propia forma de Su grandeza.
El salmo se demora en el cuidado activo de Dios—envía la lluvia, hace crecer la hierba, alimenta a las criaturas—y luego aparta nuestros corazones de la confianza falsa: a Dios no le impresiona la fuerza humana, la rapidez o la autosuficiencia. Se deleita en los que le temen, en los que esperan en Su amor constante. La adoración, entonces, se convierte en un reordenamiento del deseo: de confiar en lo que podemos medir a confiar en Aquel cuya comprensión no puede medirse.

La resolución
El final reúne toda esta alabanza en una lealtad firme. Dios no solo ha gobernado los cielos y los campos; ha hablado a Su pueblo con claridad—dando Su palabra, Sus estatutos, Su paz. La nota final no es simplemente que Dios es poderoso, sino que está cerca y habla. El corazón descansa en esto: la gracia del Señor no es abstracta; se dirige a un pueblo, sostiene una ciudad y afirma a los que aprenden a esperar en Él.


Conexión con Cristo

La alabanza del Salmo 147 encuentra su plena armonía en Jesucristo, en quien la inmensidad y la ternura de Dios se encuentran sin contradicción. Cristo sana a los quebrantados de corazón no como un benefactor distante sino como Aquel que se acerca en carne—tocando a los enfermos, recibiendo a los cansados, vendando heridas con misericordia y verdad.
Y la Palabra que Dios “envía” en este salmo apunta en última instancia a la Palabra eterna hecha carne (Juan 1). El mismo Señor que ordena la creación por Su mandato revela el corazón de Dios en Cristo—mostrando que el poder divino no se opone a la compasión, sino que se expresa a través de ella. La adoración cristiana, modelada por este salmo, se convierte en alabanza al Creador que también redime, reuniendo a los dispersos en un pueblo bajo la paz de Su reino.


Perspectiva histórica y hebrea

El salmo dice que Dios “sana a los quebrantados de corazón” y “vende sus heridas” (v. 3). El verbo hebreo חָבַשׁ (ḥābash), “vend ar” o “ligar”, es una palabra manual que se usa para envolver una herida. Retrata a Dios no solo como soberano sobre lo vasto, sino como atento personalmente a lo crudo y sangrante—Su gracia aplicada, no meramente anunciada.


Versículo clave para meditar

Sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas. — Salmo 147:3

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. Según la descripción del salmo, ¿qué hace el Señor por los quebrantados de corazón?

2. ¿En qué clase de personas se deleita el Señor, según lo descrito en el salmo?