Salmo 71 — Oh Dios, no te alejes de mí


El corazón del salmo

Tema:
Cuando la fuerza disminuye y las acusaciones aumentan, la fe se aferra a la cercanía de Dios: recordando la misericordia de toda la vida y pidiendo ayuda que conduzca a la alabanza.

Tono:
Presionado pero perseverante.

Estructura:
De lamento urgente, a la fe recordada, a la petición renovada y la alabanza prometida—sin negar la amenaza continua.


El recorrido emocional

La súplica
El salmo se abre con una petición que es a la vez desesperada y profundamente practicada: “En ti… me refugio.” El hablante no está experimentando con la oración sino volviendo a ella. Aun así, la urgencia es aguda: los enemigos vigilan la debilidad, y el corazón siente la aterradora posibilidad de quedar solo. El primer clamor es por protección, pero debajo hay una petición más profunda: que la vergüenza no tenga la última palabra.

La reflexión
El salmista mira atrás a lo largo de una vida y descubre que la memoria misma se convierte en refugio. Dios no se presenta como un rescatador nuevo sino como un compañero fiel “desde mi juventud”, incluso “desde el vientre de mi madre”. En este lamento, el pasado no es nostalgia: es evidencia. Las acusaciones de los enemigos (“Dios lo ha abandonado”) se responden no con argumentos, sino con testimonio: Dios ha llevado, librado y sostenido.

Y aun así, el dolor no se romantiza. La vejez trae nueva vulnerabilidad: “No me deseches en la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.” El lamento es lo bastante honesto para admitir que la fe de toda la vida no impide estaciones en las que la ayuda debe ser buscada con urgencia otra vez. Sin embargo, la teología es firme: Dios es justo, confiable y capaz de restaurar la dignidad. La esperanza del salmista no está en la resiliencia personal sino en el carácter de Dios—lo bastante constante para ser invocado, una y otra vez, para que no esté lejos.

La resolución
El salmo termina con un compromiso que es a la vez desafiante y tierno: la boca seguirá alabando, la vida seguirá siendo testimonio—especialmente “a otra generación”. Se busca la liberación, pero también un propósito. La tensión no se borra por completo; aún existen enemigos, las amenazas siguen oprimiendo. Pero la postura final es clara: incluso antes de ver el rescate, el salmista elige la esperanza continua—“Esperaré continuamente”—y anticipa que Dios convertirá la vergüenza en canción.


Conexión con Cristo

El Salmo 71 da voz al fiel que sufre, rodeado, incomprendido y aparentemente abandonado—pero que se niega a soltar a Dios. Jesús entra en ese mismo paisaje de lamento, tomando el clamor del justo afligido y soportando las burlas que implican que Dios lo ha abandonado. En Cristo, vemos que la cercanía de Dios no es un sentimiento frágil sino una promesa costosa: el Hijo carga con el aislamiento y la acusación para que los débiles, los ancianos o los abrumados puedan orar este salmo con confianza.

Y porque Jesús resucitó, el movimiento del salmo hacia la alabanza no es un pensamiento ilusorio. El Dios que sostuvo al salmista desde el vientre ha obrado decisivamente en la encarnación—Dios verdaderamente se acercó. En él, la iglesia aprende a lamentar honestamente mientras se aferra a una esperanza que no será finalmente confundida.


Perspectiva histórica y hebrea

Una súplica clave repetida es “no te alejes” (hebreo אַל־תִּרְחַק, ’al-tirḥaq), un clamor relacional más que una petición por información o por distancia. El salmista no pide meramente soluciones, sino la presencia sentida y salvadora de Dios—la cercanía que convierte la vulnerabilidad en refugio.


Versículo clave para meditar

"No me deseches en la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares." — Salmo 71:9

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Qué le pide especialmente el salmista a Dios que no haga cuando llegue la vejez y se le acaben las fuerzas?

2. Según la resolución final del salmo, ¿a qué se compromete el salmista a hacer continuamente?