Salmo 35 — Lamento y oración de ayuda


El corazón del salmo

Tema:
Cuando los justos reciben odio y mentiras en lugar de retribución, suplican que el SEÑOR pleitee por ellos y convierta el sufrimiento injusto en alabanza pública.

Tono:
Afligido y urgente—pero obstinadamente esperanzado.

Estructura:
Un ciclo repetido de acusación y súplica: clamores para que Dios actúe → descripciones de traición e injusticia → votos de alabanza cuando llegue la liberación.


El viaje emocional

La llamada
El salmo comienza con una petición sorprendente: no solo que Dios ayude, sino que Él entre en el conflicto—que “contienda” y “lucha” por su siervo. La oración es intensa porque el peligro es relacional además de físico: los enemigos están cerca, su odio es personal y sus palabras son armas. El salmista no pretende no estar herido; trae toda la ofensa a la presencia de Dios.

La reflexión
El centro del lamento expone la herida más profunda: la traición. El salmista había orado por esas mismas personas en su enfermedad, llorando como por un amigo; sin embargo, pagan esa misericordia con burla, maquinaciones secretas y falso testimonio. Aquí, el lamento se convierte en una forma de claridad moral: el salmista se niega a aceptar un mundo donde la traición tenga la última palabra. Apela al carácter de Dios—Aquel que ve, que juzga con verdad, y que no confunde las acusaciones ruidosas con la verdad.
Aun en el calor de la oración, el anhelo del salmista no es mera venganza; es la restauración del orden justo: que las bocas mentirosas queden silenciadas, que la vergüenza caiga sobre los que aman el mal, y que los que aman la justicia de Dios se regocijen. En otras palabras, el salmista pide una justicia que vuelva a abrir espacio para la adoración.

La resolución
El salmo no termina con una solución ordenada, sino con una decisión firme: si Dios libra, el salmista hablará—abiertamente, públicamente y con constancia. Se promete alabanza por anticipado, pero el dolor no ha sido eliminado. El lamento permanece presente, sin embargo está sostenido por una confianza más profunda: al SEÑOR le deleita el bienestar de su siervo, y por tanto la última palabra no pertenecerá a la calumnia.


Conexión con Cristo

El Salmo 35 resuena con la experiencia de sufrimiento justo de Jesús: Él está rodeado de hostilidad “sin causa”, enfrentado por falsos testigos, y pagado con maldad donde dio bien. En los Evangelios, Cristo no responde a la injusticia con retaliación; se encomienda al Padre que juzga con justicia.
Este salmo ayuda a la iglesia a orar con honestidad cuando es agraviada, y a la vez forma esa oración en la dirección que Jesús cumple: la “contienda” decisiva de Dios se ve finalmente en la cruz y la resurrección—donde el mal se consume, la verdad es vindicada, y el Justo que sufre es públicamente justificado. En Cristo aprendemos a lamentar sin negación y a esperar sin fingir que la traición es poca cosa.


Perspectiva histórica y hebrea

Una palabra clave es el verbo hebreo רִיב (riv), “contender” o “entablar pleito”. El Salmo 35 no es solo una súplica en el campo de batalla; es también una apelación en la sala del tribunal. El salmista llama al SEÑOR para que obre como abogado y juez—respondiendo a los cargos falsos no con discursos más altos, sino con vindicación justa.


Verso clave para meditar

“Di a mi alma: Yo soy tu salvación.” — Salmo 35:3

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Qué pide con urgencia el salmista al SEÑOR al comienzo del salmo?

2. ¿Qué dijo el salmista que hizo una vez por esas mismas personas que posteriormente lo traicionaron?