Tema:
Dios entrona públicamente a su Rey escogido y lo nombra sacerdote eterno, asegurando a su pueblo que el gobierno divino prevalecerá.
Tono:
Seguro, majestuoso.
Estructura:
Desde el decreto divino de entronización, hasta la expansión del gobierno del Rey, pasando por el solemne juramento de sacerdocio, y terminando en la certidumbre de la victoria final.
El Llamado
El salmo comienza no con un deseo humano, sino con un anuncio divino. El corazón se serena al oír a Dios hablar: se invita al Rey a sentarse a la diestra de Dios. Antes de que se describa ninguna batalla, el resultado ya está declarado: Dios mismo establece el trono.
La Reflexión
El centro del salmo une dos verdades que rara vez coinciden en una sola persona: la autoridad real y el ministerio sacerdotal. Este Rey no solo está facultado para conquistar; también es investido por Dios para mediar, representar y presentarse ante el Señor en favor de otros. Las imágenes no rehúyen el conflicto: los enemigos serán sometidos, la oposición no perdurará; pero es igualmente claro que la fuerza del Rey no es autogenerada. Su “cetro poderoso” sale de Sion porque el Señor lo envía. Incluso el pueblo que se reúne a su alrededor lo hace como quienes se disponen voluntariamente, engalanados para el servicio santo.
La Resolución
El salmo cierra con certidumbre establecida. El gobernante designado por Dios no será resistido al final; el juicio será real, y el mal recibirá respuesta. Sin embargo, la imagen final no es un triunfo febril sino una perseverancia firme: el Rey levanta la cabeza. El término es confianza: la historia se mueve hacia la victoria que Dios ha prometido, bajo un trono que Dios ha establecido.
El Salmo 110 es levemente mesiánico en la lectura del Nuevo Testamento, y Jesús lo recibe como referido a la identidad del Mesías, superior a David. Él es el Rey entronizado del Señor, sentado a la diestra del Padre, reinando hasta que todo enemigo sea puesto bajo sus pies. Al mismo tiempo, es el sacerdote “para siempre”, no según Leví sino según el orden de Melquisedec: real y sacerdotal en una sola persona. En Cristo, la fuerza del salmo se vuelve pastoral: el que gobierna todas las cosas también intercede por su pueblo, y su reino no está amenazado por el desorden del mundo. La iglesia ora y espera bajo un Sacerdote coronado cuyo reino no puede fallar.
La línea inicial usa dos palabras diferentes: YHWH (“el SEÑOR”) habla a ’adoni (“mi señor/amo”). Esta cuidadosa redacción preserva la reverencia por el nombre de la alianza de Dios al tiempo que destaca que el rey aludido es exaltado —el “señor” de David— y, sin embargo, distinto de YHWH. La fuerza del salmo radica en que el propio Dios autoriza el trono del Mesías.
"Jehová juró, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre conforme al orden de Melquisedec." — Salmo 110:4 (RVR1960)
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Dónde es invitado a sentarse el Rey al comienzo del salmo?
2. Según el juramento del salmo, ¿el Rey es sacerdote para siempre según el orden de quién?