La mujer con flujo de sangre

Contexto y situación

  • Referencia bíblica principal: Marcos 5:25–34; Mateo 9:20–22; Lucas 8:43–48
  • Ubicación: Entre la multitud mientras Jesús se desplaza después de volver en barca (Marcos 5:21), en camino a la casa de Jairo (Marcos 5:22–24; Lucas 8:41–42)
  • La necesidad: Una mujer tenía un flujo de sangre desde hacía doce años, había sufrido a manos de muchos médicos, había gastado todo lo que tenía y no había sido ayudada, sino que iba peor (Marcos 5:25–26). Lucas añade que “por ningún modo había podido ser curada de ninguno” (Lucas 8:43).

⚡ El acto milagroso

El encuentro:
Mientras Jesús era tocado por la multitud, la mujer vino por detrás de Él y tocó su manto, pensando para sí que si tocase siquiera su ropa sería sanada (Marcos 5:27–28; Mateo 9:20–21; Lucas 8:44).

La intervención divina:
Jesús percibió que poder había salido de Él y preguntó quién le había tocado el manto (Marcos 5:30; Lucas 8:45–46). La mujer entonces, con temor y temblor, se presentó ante Él, se echó a sus pies y le contó toda la verdad (Marcos 5:33; Lucas 8:47). Jesús le dirigió estas palabras: “Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34). Mateo resume: “Entonces Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Hija, ten ánimo; tu fe te ha sanado” (Mateo 9:22).

El resultado inmediato:
Al instante se secó la fuente de su sangre; y ella sintió en su cuerpo que había sido sanada de su azote (Marcos 5:29). Lucas señala que “al instante cesó la fuente de su sangre” (Lucas 8:44). Jesús identificó públicamente la sanidad y la atribuyó a la fe, despidiéndola en paz (Marcos 5:34; Lucas 8:48).


Lo que este milagro revela acerca de Jesús

Esta sanidad muestra la autoridad divina de Jesús sobre la enfermedad y su capacidad para restaurar aquello que los medios humanos no pudieron. El milagro funciona como señal: del Él sale poder, y Él trae a la luz a la sufriente oculta, no para avergonzarla, sino para confirmar su restauración y paz por su palabra. Se revela como Aquel en quien reside poder salvador y que concede plenitud (“te ha salvado” / “te ha sanado”) por medio de la fe.


Perspectiva histórica y cultural

En la Ley de Moisés, una hemorragia continuada hacía a la mujer ceremonialmente inmunda, afectando lo que y a quién podía tocar (Levítico 15:25–27). En ese contexto, el acercamiento de la mujer subraya tanto su prolongada exclusión como la importancia de ser públicamente declarada sana y restaurada.


Versículo clave

“Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote.” — Marcos 5:34

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Cuánto tiempo había padecido la mujer un flujo de sangre?

2. ¿Qué dijo Jesús que había sanado a la mujer?