El encuentro:
Mientras Jesús era tocado por la multitud, la mujer vino por detrás de Él y tocó su manto, pensando para sí que si tocase siquiera su ropa sería sanada (Marcos 5:27–28; Mateo 9:20–21; Lucas 8:44).
La intervención divina:
Jesús percibió que poder había salido de Él y preguntó quién le había tocado el manto (Marcos 5:30; Lucas 8:45–46). La mujer entonces, con temor y temblor, se presentó ante Él, se echó a sus pies y le contó toda la verdad (Marcos 5:33; Lucas 8:47). Jesús le dirigió estas palabras: “Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34). Mateo resume: “Entonces Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Hija, ten ánimo; tu fe te ha sanado” (Mateo 9:22).
El resultado inmediato:
Al instante se secó la fuente de su sangre; y ella sintió en su cuerpo que había sido sanada de su azote (Marcos 5:29). Lucas señala que “al instante cesó la fuente de su sangre” (Lucas 8:44). Jesús identificó públicamente la sanidad y la atribuyó a la fe, despidiéndola en paz (Marcos 5:34; Lucas 8:48).
Esta sanidad muestra la autoridad divina de Jesús sobre la enfermedad y su capacidad para restaurar aquello que los medios humanos no pudieron. El milagro funciona como señal: del Él sale poder, y Él trae a la luz a la sufriente oculta, no para avergonzarla, sino para confirmar su restauración y paz por su palabra. Se revela como Aquel en quien reside poder salvador y que concede plenitud (“te ha salvado” / “te ha sanado”) por medio de la fe.
En la Ley de Moisés, una hemorragia continuada hacía a la mujer ceremonialmente inmunda, afectando lo que y a quién podía tocar (Levítico 15:25–27). En ese contexto, el acercamiento de la mujer subraya tanto su prolongada exclusión como la importancia de ser públicamente declarada sana y restaurada.
“Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote.” — Marcos 5:34
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Cuánto tiempo había padecido la mujer un flujo de sangre?
2. ¿Qué dijo Jesús que había sanado a la mujer?