El comienzo:
Jesús viaja por Samaria y, cansado del camino, se sienta junto al pozo de Jacob alrededor del mediodía. Sus discípulos van a la ciudad para comprar comida, y una mujer samaritana llega a sacar agua. Jesús inicia la conversación pidiéndole de beber, cruzando así una barrera social entre judíos y samaritanos.
El desarrollo:
Jesús habla de dar “agua viva”, trasladando la conversación del agua física al don de Dios de la vida eterna a través de él. La mujer le pregunta sobre el culto—si el lugar correcto es el monte Gerizim (tradición samaritana) o Jerusalén (tradición judía). Jesús enseña que el verdadero culto no está confinado a un lugar sino que es “en espíritu y en verdad”, y revela conocimiento sobre su vida personal, mostrando así una percepción divina. Cuando ella habla del Mesías venidero, Jesús se identifica abiertamente: “Yo, que te hablo, soy él.”
El final:
La mujer deja su cántaro y vuelve a su pueblo, y cuenta a otros acerca de Jesús. Muchos samaritanos salen a verlo, y después de escucharlo, muchos creen—no sólo por el testimonio de la mujer, sino por las propias palabras de Jesús. Lo reconocen como “el Salvador del mundo.”
Este relato muestra a Jesús extendiendo la misión salvadora de Dios más allá de las fronteras étnicas y religiosas, ofreciendo gracia a quienes son vistos como forasteros. El “agua viva” apunta a la vida que Dios da por medio de Cristo—una renovación interior que satisface la sed espiritual más profunda y conduce a la vida eterna. La enseñanza de Jesús sobre el culto destaca el deseo de Dios por una adoración genuina, capacitada por el Espíritu y fundada en la verdad, anticipando el alcance universal del evangelio. La confesión de los samaritanos subraya la identidad y la misión de Jesús como Salvador para todos los pueblos.
Judíos y samaritanos compartían partes de la herencia de Israel pero estaban divididos por un conflicto religioso y social de larga data, incluyendo reclamos contrapuestos sobre el lugar apropiado de adoración (Jerusalén vs. monte Gerizim). En la vida cotidiana, sacar agua era a menudo una actividad comunitaria, y una visita al pozo al mediodía habría sido inusual—lo que ayuda a centrar la narrativa en un encuentro personal y transformador que se convierte en un testimonio público.
“Todo aquel que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás.” — Juan 4:14
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Dónde se sentó Jesús cuando habló con la mujer samaritana?
2. ¿Qué confesaron los habitantes de Sicar acerca de Jesús después de oírle?