El encuentro:
Jesús, teniendo hambre, se acerca a una higuera junto al camino y nada halló en ella sino hojas (Mateo 21:18–19; Marcos 11:12–13).
La intervención divina:
Jesús pronuncia una palabra de juicio sobre la higuera: “Nunca jamás nazca de ti fruto.” (Mateo 21:19). Marcos registra su dicho: “Nunca jamás coma nadie de tu fruto.”, y señala que sus discípulos lo oyeron (Marcos 11:14).
El resultado inmediato:
Mateo registra que la higuera se secó luego, y los discípulos se maravillaron (Mateo 21:20). Marcos describe que al día siguiente vieron la higuera seca desde las raíces, y Pedro la señala a Jesús (Marcos 11:20–21). Jesús entonces enseña que la fe en Dios y la oración deben manifestarse en confianza y perdón (Marcos 11:22–25; cf. Mateo 21:21–22).
Esta señal revela la autoridad de Jesús sobre la naturaleza: su palabra pronunciada provoca un cambio real y observable en la creación. También funciona como una advertencia profética de que la falta de fruto—la apariencia religiosa sin la sustancia que Dios busca—está bajo juicio divino. Jesús no solo realiza la señal sino que interpreta su significado, llamando a sus discípulos a la fe en Dios expresada mediante la oración y un corazón dispuesto a perdonar.
En el relato de Marcos se señala: “porque no era tiempo de higos” (Marcos 11:13). En el contexto del primer siglo, una higuera cubierta de hojas podía sugerir la presencia de higos tempranos comestibles; la apariencia frondosa sin fruto subraya el punto de la promesa sin cumplimiento—un telón de fondo apropiado para la parábola actuada de Jesús sobre el espectáculo exterior que carece del fruto que Dios desea.
“Y respondiendo Jesús les dijo: 'Tened fe en Dios.'” — Marcos 11:22
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué encontró Jesús en la higuera cuando vino a ella hambriento?
2. Según el relato de Marcos, ¿qué notó Pedro acerca de la higuera al día siguiente?