Enseñanza central: Las epístolas tratan la falsa doctrina como una amenaza pastoral y espiritual, no meramente un error intelectual. Los falsos maestros distorsionan el mensaje apostólico acerca de Cristo, tuercen la Escritura para sus propios fines y a menudo prometen libertad mientras conducen a las personas al pecado y a la esclavitud (2 Pedro 2:1, 18–19). Por tanto, los apóstoles instan a los creyentes a contender por la fe que fue una vez dada (Judas 3), a probar las enseñanzas por el evangelio recibido (1 Juan 2:24), y a reconocer que la sana doctrina y la verdadera piedad van juntas (Tito 1:16).
Elementos clave o argumento:
En el mundo grecorromano, maestros itinerantes y retóricos a menudo reunían seguidores y apoyo financiero. Las advertencias de los apóstoles acerca de maestros que “explotan” con motivos “avara” (2 Pedro 2:3) y “enseñan… por ganancia deshonesta” (Tito 1:11) abordan un patrón social reconocible: oradores persuasivos que usan la autoridad religiosa para conseguir estatus, dinero e influencia en hogares y comunidades.
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido al mundo.” — 1 Juan 4:1
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1. Según las advertencias, ¿de dónde surgen los falsos maestros?
2. ¿Qué se exhorta a los creyentes a hacer cuando se enfrentan a afirmaciones espirituales contradictorias?