El comienzo:
El rey Nabucodonosor erige una enorme imagen de oro y ordena a los funcionarios de todo su reino que la adoren cuando suene la música. Sadrac, Mesac y Abed-nego —exiliados judíos que servían en Babilonia— se niegan a postrarse. Su negativa crea un conflicto directo entre la lealtad a Dios y la obediencia al decreto imperial.
El desarrollo:
Algunos oficiales denuncian a los tres ante el rey, quien exige que adoren la imagen o sean echados al horno de fuego. Ellos responden que Dios puede librarlos, pero aun si no lo hiciera, no servirán a los dioses del rey ni adorarán la imagen. Encolerizado, Nabucodonosor manda calentar el horno con extraordinaria furia, los hace atar y los arroja dentro. Entonces el rey ve no tres, sino cuatro figuras caminando ilesas en el fuego, y la apariencia del cuarto se describe como semejante a "un hijo de los dioses".
El desenlace:
Nabucodonosor los hace salir, y ellos salen sin lesión alguna; ni siquiera sus ropas tienen olor a fuego. El rey bendice al Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, reconociendo que ningún otro dios puede librar así. Promulga un decreto que protege el honor de su Dios y promueve a los tres hombres en la provincia de Babilonia.
Este relato destaca la soberanía de Dios sobre gobernantes y imperios y Su fidelidad hacia Su pueblo en el exilio. La firme negativa de los tres a cometer idolatría muestra la lealtad al pacto: la adoración pertenece únicamente a Dios, aun bajo la amenaza de muerte. La liberación que obra Dios demuestra que no está confinado por la geografía ni por el poder político, y que Su presencia puede sostener y rescatar a Sus siervos en la prueba más extrema.
En los imperios del antiguo Cercano Oriente, los actos públicos de adoración a menudo funcionaban como pruebas de lealtad política, especialmente en ceremonias con imágenes reales y funcionarios reunidos. La historia refleja cómo la propaganda imperial y la conformidad religiosa podían emplearse para asegurar la unidad en un imperio multiétnico—poniendo a las minorías exiliadas bajo presión para participar.
Mas si no, te hago saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni adoraremos la estatua de oro que has levantado. — Daniel 3:18
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué mandó el rey Nabucodonosor que hicieran los funcionarios cuando sonaba la música?
2. Después de que Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron arrojados al horno, ¿cuántas figuras vio Nabucodonosor caminando sin daño en el fuego?