El encuentro:
Jesús es informado de la enfermedad de Lázaro y luego va a Betania. Habla con Marta y María, dirigiendo la atención a la fe en Él y a la gloria de Dios (Juan 11:4–7, 20–27, 32–37).
La intervención divina:
En la tumba, Jesús ordena que quiten la piedra. Ora al Padre, declarando que habla por causa de la fe de la gente, y luego llama a Lázaro para que salga (Juan 11:39–43).
El resultado inmediato:
Lázaro sale, todavía envuelto en las vendas fúnebres, y Jesús les manda que lo desaten. Muchos de los que lo presenciaron creyeron en Jesús, mientras que otros dieron cuenta del acontecimiento a los fariseos, lo que contribuyó a la oposición contra Él (Juan 11:44–46).
Esta señal revela la autoridad divina de Jesús sobre la muerte y Su identidad como dador de vida. En el contexto del milagro, Jesús se declara a Sí mismo “la resurrección y la vida”, mostrando que la vida se halla en Él y que Sus obras apuntan a revelar la gloria de Dios y a producir fe (Juan 11:4, 25–26, 40–42).
La nota de Juan de que Lázaro había estado muerto cuatro días subraya la imposibilidad desde el punto de vista humano. En la práctica judía del primer siglo, el enterramiento ocurría con rapidez, y una tumba sellada y las vendas funerarias destacaban la finalización de la muerte—haciendo que el regreso de Lázaro fuera indudablemente un acto divino (Juan 11:17, 38–39, 44).
"Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá." — Juan 11:25
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Cuánto tiempo había estado Lázaro en el sepulcro cuando Jesús llegó a Betania?
2. ¿Qué ordenó Jesús que se hiciera en el sepulcro de Lázaro antes de llamarlo?