Enseñanza central:
Esta parábola confronta la autojustificación y revela la actitud del corazón que corresponde a la justificación ante Dios. El fariseo presenta sus logros religiosos y su comparación moral como motivo de confianza, pero su oración está centrada en sí mismo y marcada por el desprecio hacia los demás. El publicano, en cambio, no ofrece currículum—sólo una súplica por misericordia—demostrando arrepentimiento y dependencia de Dios. La conclusión de Jesús tiene peso doctrinal: el publicano “descendió... justificado” (Lucas 18:14). El punto no es que las prácticas religiosas sean inherentemente malas, sino que no pueden funcionar como base para la justificación ante Dios. La verdadera justicia se recibe como misericordia, no se reclama como mérito.
Elementos clave o argumento:
En la sociedad judía del siglo I, los fariseos eran ampliamente respetados por su estricta devoción a la Ley y la tradición, mientras que los publicanos eran comúnmente despreciados como colaboradores de Roma y a menudo asociados con la avaricia y la injusticia. La declaración de Jesús de que el publicano fue “justificado” habría sido sorprendente, destacando que el veredicto de Dios depende del arrepentimiento y la misericordia más que del estatus social o el prestigio religioso.
“Dios, sé propicio a mí, pecador.” — Lucas 18:13
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. Según la conclusión de Jesús en la parábola, ¿quién bajó a su casa justificado?
2. ¿Qué suplicó el publicano en su oración?