El comienzo:
Una comunidad de profetas le dijo a Eliseo que su lugar de reunión se había quedado pequeño. Pidieron permiso para ir al río Jordán a cortar leños y construir un lugar más grande para vivir. Eliseo accedió y fue con ellos.
El desarrollo:
Mientras un hombre talaba un árbol, la cabeza del hacha de hierro se le cayó al agua. Angustiado, clamó a Eliseo que la herramienta había sido prestada. Eliseo preguntó dónde había caído, cortó un palo y lo arrojó al agua en ese lugar.
El final:
La cabeza del hacha de hierro flotó hasta la superficie. Eliseo dijo al hombre que la tomara, y él extendió la mano y la recuperó. La crisis inmediata—la pérdida de una propiedad prestada—se resolvió mediante un signo del poder de Dios.
Este relato presenta a Dios como atento a las necesidades de su pueblo, incluso en asuntos ordinarios y prácticos. A través de Eliseo, el Señor muestra poder soberano sobre la creación, revirtiendo lo que es naturalmente imposible (el hierro flotando). La historia también refuerza el papel de Eliseo como un verdadero profeta en Israel, cuyo ministerio da testimonio de la presencia activa y el cuidado fiel de Dios durante el turbulento clima espiritual de la monarquía.
Las herramientas de hierro en el antiguo Cercano Oriente eran valiosas y no siempre fáciles de reemplazar; tomar prestado un objeto así creaba una seria obligación de devolverlo. La preocupación por la cabeza del hacha perdida refleja el peso social y económico de la deuda y la responsabilidad en la vida del pueblo, haciendo de la recuperación del instrumento prestado un acto significativo de restauración.
“¡Ay, señor mío! Porque era prestada.” — 2 Reyes 6:5
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Por qué la comunidad de profetas quería ir al río Jordán?
2. ¿Qué hizo Eliseo después de saber dónde había caído la cabeza del hacha de hierro?