El encuentro:
Cuando Jesús entraba en una aldea, se le encontraron diez leprosos. Manteniéndose a distancia, alzaron la voz y dijeron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!” (Lucas 17:12–13)
La intervención divina:
Jesús los vio y les mandó: “Id, mostraos a los sacerdotes.” Y aconteció que al ir, obedeciendo su palabra, fueron limpiados (Lucas 17:14).
El resultado inmediato:
Este signo revela la autoridad de Jesús sobre la enfermedad y su papel como Aquel que puede otorgar limpieza que el poder humano no puede. Al ordenar a los hombres que se muestren a los sacerdotes y limpiarlos “al ir”, Jesús muestra que la sanidad viene por su palabra y autoridad, coherente con los propósitos divinos en las Escrituras. La adoración y acción de gracias del samaritano que regresó resaltan que el milagro no solo trata de restauración física sino que apunta a una respuesta más profunda: reconocer la obra de Dios en Cristo y recibir su misericordia salvífica (Lucas 17:15–19).
Según la ley de Israel, los sanados de enfermedad de la piel debían ser examinados por los sacerdotes y ser formalmente restaurados a la vida comunitaria (cf. Levítico 14). La orden de Jesús de “mostraros a los sacerdotes” alinea la sanidad con prácticas reconocidas del pacto, mientras que la mención de que el hombre agradecido era un samaritano subraya la amplitud inesperada de la misericordia de Dios más allá de los límites étnicos judíos (Lucas 17:16–18).
“Y él le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” — Lucas 17:19
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué les dijeron a Jesús los diez leprosos cuando le suplicaron misericordia?
2. Después de que los diez quedaron limpios, ¿qué era notable acerca del único hombre que regresó para dar gracias?