El encuentro:
Cuando la multitud llegó para prenderle, un discípulo usó una espada contra el siervo del sumo sacerdote. El sirviente es identificado como Malco en el relato de Juan (Juan 18:10).
La intervención divina:
Jesús mandó que la violencia se detuviera—“—¡Basta ya!—”—y luego tocó la oreja del hombre y lo sanó (Lucas 22:51). En los relatos paralelos, Jesús también reprendió el uso de la espada y se sometió al arresto en cumplimiento de la Escritura (Mateo 26:52–54; Juan 18:11).
El resultado inmediato:
La oreja cortada fue restaurada por el toque de Jesús (Lucas 22:51). Las autoridades que venían a prenderle procedieron a llevarse a Jesús, y Él los confrontó por venir como contra un ladrón en lugar de detenerle abiertamente en el templo (Lucas 22:52–53).
Esta sanación revela la autoridad divina de Jesús sobre el daño corporal aun en el momento de Su propia traición y arresto. Él frena la retaliación, rechaza avanzar Su reino por la violencia, y se somete voluntariamente a la voluntad del Padre (Lucas 22:51; Juan 18:11). El signo subraya que Jesús no es vencido por las circunstancias; es el Mesías que sana y, sin embargo, elige el camino de la cruz conforme a la Escritura (Mateo 26:54).
Lucas usa el verbo ἰάομαι (iaomai, 'sanar') para la restauración de Jesús (Lucas 22:51), un término a menudo asociado con una sanidad real y observable. La víctima es un siervo del sumo sacerdote, lo que resalta la ironía de que en el mismo acto de ser adversado por el liderazgo de Israel, Jesús realiza una obra misericordiosa que beneficia a su casa (Juan 18:10).
“Entonces Jesús dijo: —¡Basta ya!— y tocando la oreja del siervo lo sanó.” — Lucas 22:51
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. Durante el arresto de Jesús, ¿qué lesión sufrió el siervo del sumo sacerdote?
2. ¿Qué hizo Jesús después de decir: «¡Basta!»?