El escenario inicial:
Juan mira y ve una nube blanca, un escenario bíblico común para la presencia divina y la actividad celestial. Sentado sobre la nube hay “uno semejante a un Hijo del Hombre”, que tiene en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz aguda. Sale un ángel del templo celestial, anunciando que ha llegado el tiempo porque “la mies de la tierra está madura”.
Las imágenes centrales:
Juan presenta estas imágenes como una secuencia de dos escenas de siega: una de cosecha de grano y otra de recolección de uvas para el lagar.
| Símbolo | Significado / Interpretación |
|---|---|
| “Uno semejante a un Hijo del Hombre” sobre una nube blanca | Hace eco de Daniel 7:13–14, donde “uno semejante a un hijo de hombre” recibe autoridad y un reino eterno. En el Apocalipsis, este título está estrechamente asociado con Cristo (Apocalipsis 1:13). La imagen de la nube señala regularmente la gloria divina y la llegada del juicio/salvación (Éxodo 13:21; Mateo 24:30). |
| Hoz aguda / cosecha “madura” | Una hoz indica una acción decisiva en el tiempo señalado. El lenguaje de la siega en las Escrituras puede significar separación final y rendición de cuentas (Joel 3:13; Mateo 13:39–43). El énfasis no está en la agricultura humana sino en el tiempo de Dios: cuando la madurez está completa, el juicio no es prematuro. |
| Vid de la tierra y lagar de la ira de Dios | La “vid” aquí está ligada a la tierra en rebelión, en contraste con imágenes donde el pueblo de Dios es la viña del Señor (Isaías 5:1–7). El lagar es una imagen profética conocida del juicio divino (Isaías 63:1–6; Lamentaciones 1:15). El Apocalipsis la usa para retratar la certeza y severidad de la ira justa de Dios contra el mal persistente (Apocalipsis 14:19–20). |
Interpreta los símbolos principalmente a través de la propia Escritura, evitando simbolismos modernos o especulativos.
Esta visión funciona sobre todo como una revelación sobria del juicio final y una consoladora garantía de que el mal no perdurará para siempre.
Comprensión del público original:
Los cristianos del primer siglo reconocerían las imágenes de siega y lagar de los profetas del Antiguo Testamento como tópicos del juicio divino y el ajuste de cuentas escatológico (Joel 3; Isaías 63). También captarían el filo político: las pretensiones de Roma a la autoridad suprema son temporales, mientras que el “Hijo del Hombre” sostiene la verdadera corona.
En el mundo antiguo mediterráneo, las escenas de cosecha y del lagar eran símbolos públicos poderosos: la cosecha significaba la culminación de una estación y el ajuste de cuentas; el lagar, con las uvas trituradas “afuera”, producía naturalmente imágenes de líquido desbordante. Los profetas bíblicos aprovecharon ese proceso familiar para comunicar que el juicio de Dios es decisivo, público e ineludible—no porque a Dios le agrade la destrucción, sino porque al fin pondrá en orden públicamente lo que los tribunales humanos y los imperios no pueden.
“Echa tu hoz y siega, porque la hora de segar ha venido; porque la mies de la tierra está madura.” — Apocalipsis 14:15 (RVR1960)
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1. ¿Qué vio Juan sentado en una nube blanca?
2. ¿Qué sucedió con los racimos recogidos de la vid de la tierra?