El encuentro:
Jesús estaba junto al lago mientras la multitud se agolpaba para oír la palabra de Dios. Se subió a la barca de Simón, le pidió que se alejara un poco de la orilla y enseñó a la gente desde la barca (Lucas 5:1–3).
La intervención divina:
Cuando terminó de hablar, Jesús dijo a Simón: «Lleva la barca a la parte honda, y echad vuestras redes para pescar.» Aunque no habían pescado nada en toda la noche, Simón obedeció la palabra de Jesús y echó las redes (Lucas 5:4–5).
El resultado inmediato:
Encerraron gran cantidad de peces, de modo que se rompían sus redes. Hicieron señas a los que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudar; ambas barcas se llenaron hasta el punto de hundirse (Lucas 5:6–7). Simón Pedro se postró a los pies de Jesús y habló de su condición de pecador; Jesús le dijo que no tuviera miedo y declaró que desde entonces sería pescador de hombres. Llevaron las barcas a tierra, dejaron todo y le siguieron (Lucas 5:8–11).
Esta señal muestra la autoridad soberana de Jesús sobre la creación: los peces del mar y el resultado del trabajo humano responden a su mandato. También revela su identidad como algo más que un maestro: su santidad expone el pecado y su palabra llama a los pecadores al discipulado y a la misión («ser pescadores de hombres») bajo su dirección (Lucas 5:4–11).
Lucas distingue la pesca ordinaria del mandato de Jesús usando lenguaje de profundidad: «lo hondo» (griego to bathos) se refiere a aguas más profundas donde pescar era menos habitual después de una noche infructuosa, subrayando el contraste entre la limitación humana y la efectividad de la palabra de Cristo (Lucas 5:4–5).
“Y cuando lo hicieron, encerraron gran cantidad de peces; y se rompían sus redes.” — Lucas 5:6
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué le instruyó Jesús a Simón después de terminar de hablar a las multitudes?
2. ¿Qué sucedió como resultado de la captura de peces?