El comienzo:
Una severa sequía afecta la tierra, y Elías, el profeta de Jehová, recibe la instrucción de dejar su escondite y dirigirse a Sarepta. Allí se encuentra con una viuda recogiendo leños, preparando lo que cree será su última comida para ella y su hijo. Elías le pide agua y pan, a pesar de que sus recursos están casi agotados.
El desarrollo:
La viuda explica que solo tiene un puñado de harina y un poco de aceite, no suficiente para soportar el hambre. Elías le dice que no tema y la instruye a hacer primero un cachito para él, prometiendo en el nombre de Jehová que su harina y su aceite no se acabarán hasta que termine la sequía. Ella obedece, y día tras día la vasija de harina y la alcuza de aceite permanecen suficientes, sustentando a Elías, a la viuda y a su casa. Más tarde, el hijo de la viuda enferma gravemente y muere, y ella clama a Elías angustiada.
El final:
Elías lleva al muchacho al aposento superior, ora fervientemente a Jehová y se recuesta sobre el niño. Jehová oye a Elías, y la vida del niño vuelve; Elías lo devuelve vivo a su madre. La viuda responde con una renovada certeza de que Elías habla verdaderamente la palabra de Dios.
Esta historia presenta a Jehová como Dios no solo de Israel sino como el proveedor soberano y dador de vida, capaz de sustentar a los necesitados aun en tierra extranjera. El milagro de la provisión continua muestra que el cuidado de Dios persiste aun en medio del juicio (la sequía) y que Su palabra resulta fiable pese a la escasez. La resurrección del hijo de la viuda revela la autoridad de Dios sobre la vida y la muerte y destaca la intercesión profética como medio por el cual Dios manifiesta misericordia y confirma Su mensaje.
Sarepta estaba en territorio fenicio (Sidón), asociada con la región más amplia vinculada a la patria de Jezabel (1 Reyes 16:31), lo que subraya que la ayuda de Elías llega a una no israelita durante la crisis de Israel. En el antiguo Cercano Oriente, las viudas se encontraban entre los más vulnerables económicamente, a menudo dependiendo de almacenes domésticos limitados de productos básicos como el grano (harina) y el aceite de oliva—lo que hace que la imaginería de una “vasija” y una “alcuza” sea una representación realista de la supervivencia cotidiana.
“No se acabó la harina de la vasija, ni se agotó el aceite de la alcuza, conforme a la palabra de Jehová que él habló por Elías.” — 1 Reyes 17:16
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué prometió Elías en el nombre de Jehová después de decirle a la viuda que primero le hiciera un pequeño pan?
2. Después de que murió el hijo de la viuda, ¿qué hizo Elías en el aposento alto?