El comienzo:
Daniel estudia la profecía de Jeremías sobre la desolación de Jerusalén y reconoce la gravedad de la infidelidad del pueblo respecto al pacto. Se vuelve a Dios con ayuno y oración, confesando el pecado en nombre de su pueblo y apelando a la misericordia divina. Daniel pide que Dios restaure Jerusalén y su santuario por amor al nombre de Dios.
El desarrollo:
Mientras Daniel aún ora, el ángel Gabriel se presenta para darle entendimiento. Gabriel explica que un período determinado descrito como “setenta semanas” concierne al pueblo de Daniel y a la ciudad santa, con el propósito de acabar la transgresión, traer expiación por la iniquidad y establecer la justicia duradera. El mensaje habla de un decreto para restaurar y reedificar Jerusalén, seguido de períodos sucesivos que conducen a la venida de un “ungido”, y más tarde al ser cortado de un ungido. La visión también describe conflicto y devastación vinculados a un gobernante venidero y la perturbación del sacrificio y la ofrenda.
El final:
La revelación concluye con la seguridad de que las desolaciones están limitadas por el decreto de Dios y alcanzarán un fin señalado. Daniel queda con el cronograma sobrio de Dios: la restauración de Jerusalén y las futuras tribulaciones están bajo la soberanía divina, y los propósitos de Dios respecto al pecado, la justicia y la ciudad santa se llevarán a cumplimiento.
Esta visión vincula las esperanzas de restauración de Israel con la fidelidad del pacto de Dios y su control sobre la historia. La oración de Daniel enfatiza que el exilio y la restauración no son meros sucesos políticos, sino respuestas a la infidelidad al pacto y a la misericordia divina. El marco de las “setenta semanas” presenta los propósitos redentores de Dios —que abordan el pecado y establecen la justicia— como acontecimientos que se desarrollan conforme al plan señalado por Dios, aun en medio del sufrimiento, la oposición y la fragilidad de las instituciones terrenales.
La oración de Daniel refleja el patrón de confesión de pacto que aparece en las Escrituras de Israel (especialmente oraciones que reconocen la culpa comunitaria y apelan al nombre de Dios). Históricamente, el período persa es conocido por decretos imperiales que afectaron a templos y ciudades locales, lo que proporciona un trasfondo realista para el enfoque de la visión en una “palabra” o decreto para restaurar y reedificar Jerusalén (cf. las narrativas de reconstrucción posteriores en Esdras–Nehemías).
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y para poner fin al pecado, y para expiar la iniquidad, y para traer la justicia perdurable, y para sellar la visión y la profecía, y para ungir al Santo de los santos.” — Daniel 9:24
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué hace Daniel después de estudiar la profecía de Jeremías sobre la desolación de Jerusalén?
2. Según Gabriel, ¿cómo se llama el período determinado que concierne al pueblo de Daniel y a la ciudad santa?