El Concilio de Jerusalén

Contexto y escenario

  • Referencia bíblica principal: Hechos 15:1–35 (cf. Gálatas 2:1–10)
  • Período histórico: Las primeras décadas de la iglesia en el Imperio Romano
  • Ubicación geográfica: Antioquía de Siria y Jerusalén (Judea)
  • Personajes clave: Pablo, Bernabé, Pedro, Santiago, ciertos fariseos que creyeron, los apóstoles y ancianos, la iglesia en Jerusalén, Judas llamado Barsabás, Silas

La narrativa

El comienzo:
En Antioquía, algunos hombres venidos de Judea enseñaron que los creyentes gentiles debían ser circuncidados conforme a la costumbre de Moisés para ser salvos. Pablo y Bernabé disputaron fuertemente contra esa afirmación, y la iglesia los envió a Jerusalén para consultarlo con los apóstoles y los ancianos sobre el asunto.

El desarrollo:
En Jerusalén, el debate se acaloró cuando algunos creyentes del partido de los fariseos insistieron en que los gentiles debían ser circuncidados y obligados a guardar la ley de Moisés. Pedro recordó a la asamblea que Dios había dado el Espíritu Santo a los gentiles sin hacer distinción, limpiando sus corazones por la fe, y advirtió contra ponerles un yugo que ni ellos ni sus padres podían llevar. Pablo y Bernabé entonces dieron cuenta de las señales y prodigios que Dios había hecho entre los gentiles. Santiago respondió citando a los profetas para mostrar que el plan de Dios incluía a los gentiles, y propuso una decisión pastoral para acogerlos sin circuncisión, pidiendo a la vez ciertas prácticas que fomentaran la santidad y la comunión.

El final:
Los apóstoles y ancianos, con toda la iglesia, estuvieron de acuerdo y enviaron una carta de regreso a Antioquía con Judas Barsabás y Silas, afirmando que a los creyentes gentiles no se les exigía la circuncisión. La carta pedía que se abstuvieran de cosas contaminadas por ídolos, de la inmoralidad sexual, de lo estrangulado y de la sangre. Cuando la iglesia de Antioquía leyó el mensaje, se regocijaron por el consuelo, y la misión continuó con unidad fortalecida.


Significado teológico

El Concilio de Jerusalén aclaró públicamente que la salvación se funda en la gracia de Dios y se recibe por la fe, no se asegura adoptando signos delimitadores del pacto mosaico como la circuncisión. Al mismo tiempo, la orientación del concilio muestra que la libertad cristiana se ordena hacia el amor, la santidad y la unidad de un pueblo de Dios multiétnico. La decisión afirma que los gentiles son miembros plenos de la comunidad renovada del pacto de Dios por medio de Cristo y del don del Espíritu Santo.


Perspecto histórico y cultural

La circuncisión funcionaba en el judaísmo del Segundo Templo como señal del pacto y un marcador de identidad que distinguía a judíos de gentiles (Génesis 17). En congregaciones mixtas judío–gentiles, las preguntas sobre la comunión en la mesa y la impureza ritual eran puntos prácticos de conflicto; las abstenciones solicitadas por el concilio reflejan preocupaciones que permitirían una vida comunitaria compartida al tiempo que se rechazaba de manera decisiva la idolatría y las prácticas sexuales paganas comunes en el mundo grecorromano.


Versículo clave

“Pero creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.” — Hechos 15:11

Quizzes

Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.

1. ¿Por qué la iglesia nombró a Pablo y Bernabé para ir a Jerusalén?

2. Según la carta enviada a Antioquía, ¿de qué práctica se solicitó que los creyentes gentiles se abstuvieran?