El principio:
Belsasar, gobernante en Babilonia, celebra un gran banquete y bebe vino con sus nobles. En una muestra de arrogancia, manda traer los vasos de oro y de plata tomados del templo de Jerusalén. Él y sus invitados beben de ellos mientras alaban a sus dioses.
El desarrollo:
De repente, aparecen dedos de una mano humana que escriben en la pared del palacio, y el rey se aterroriza. Belsasar manda llamar a los sabios para que lean e interpreten la escritura, ofreciendo honores y altos cargos, pero ninguno puede explicarla. La reina aconseja a Belsasar que llame a Daniel, conocido por su inteligencia y sabiduría. Daniel rehúsa los regalos del rey, le recuerda cómo Dios humilló a Nabucodonosor, y reprende a Belsasar por no honrar “al Dios en cuya mano está tu aliento”, especialmente por profanar los vasos del templo.
El desenlace:
Daniel lee e interpreta el mensaje como el juicio de Dios: los días de Belsasar están contados, su reino ha sido hallado falto, y será dividido y dado a los medos y persas. Belsasar aún ordena que se honre a Daniel como se le prometió. Aquella misma noche Belsasar es muerto, y Darío el medo recibe el reino.
Este relato enfatiza la soberanía de Dios sobre reyes y imperios y su autoridad para juzgar el orgullo humano y el sacrilegio. La profanación de los vasos del templo subraya que el Dios de Israel no ha sido vencido por el exilio; su santidad permanece, y el uso indebido de lo consagrado a él trae responsabilidad. La historia también presenta a Dios como quien “pesa” a los gobernantes y a las naciones, revelando que el poder político no anula la justicia divina. En los temas de exilio y restauración, Daniel se mantiene como un testigo fiel: Dios preserva a su pueblo y proclama su veredicto aun dentro de cortes extranjeras.
Los banquetes reales en el antiguo Cercano Oriente a menudo cumplían fines políticos y religiosos, mostrando poder y honrando a los dioses patronos. El uso de vasos del templo capturados en tales fiestas funcionaba como una afirmación pública de que los dioses del conquistador habían triunfado. Daniel 5 invierte esa simbología al presentar al Dios de Israel como el verdadero juez de los gobernantes de Babilonia y como quien determina la transferencia de reinos.
“El Dios en cuya mano está tu aliento, y a quien pertenecen todos tus caminos, no has honrado.” — Daniel 5:23
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué ordenó traer Belshazzar durante su banquete?
2. ¿Qué ocurrió esa misma noche después de que Daniel interpretó la escritura en la pared?