Comienzo:
En la iglesia de Jerusalén, los creyentes compartían recursos y algunos vendían propiedades para ayudar a los necesitados. Ananías y su esposa Safira vendieron una parcela de tierra y trajeron el dinero a los apóstoles. Presentaron su don como si fuera la cantidad total de la venta.
Desarrollo:
Pedro confrontó a Ananías, diciendo que el engaño no era meramente contra las personas, sino contra Dios, y que el dinero había quedado en el poder de Ananías antes de que se ofreciera el don. Al oír las palabras de Pedro, Ananías cayó y murió, y se difundió el temor entre todos los que lo oyeron. Unas tres horas después llegó Safira, sin saber lo que había sucedido, y Pedro la interrogó acerca de la suma recibida. Ella repitió la afirmación falsa, y Pedro declaró que ella había participado en poner a prueba al Espíritu del Señor.
Final:
Safira también cayó y murió, y los jóvenes la sacaron y la enterraron junto a su marido. Gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que oyeron hablar de estos hechos. La comunidad aprendió que la presencia de Dios entre ellos no debía ser tomada a la ligera.
Este relato presenta la santidad de Dios activa dentro de la iglesia primitiva y subraya que la comunidad formada por el Espíritu Santo está llamada a la veracidad ante Dios. El problema no es que Ananías y Safira dieran menos, sino que buscaron honra espiritual mediante el engaño deliberado mientras presentaban su acto como devoción total. La narrativa muestra que el pecado dentro del pueblo del pacto de Dios puede ser juzgado severamente, y configura a la iglesia como un lugar donde la presencia vivificadora de Dios también exige integridad reverente.
En el mundo mediterráneo antiguo, la beneficencia pública podía traer honor y estatus social. Hechos presenta la ofrenda cristiana primitiva como voluntaria, sin embargo, el deseo de reputación podía tentar a algunos a usar la generosidad como una actuación. La historia destaca cómo el compartir económico de la iglesia y las reuniones públicas creaban oportunidades visibles tanto para la caridad genuina como para la autopromoción deshonesta.
“No has mentido a los hombres, sino a Dios.” — Hechos 5:4
Responde las preguntas a continuación. Al elegir una opción, verás el resultado y una explicación.
1. ¿Qué afirmaron Ananías y Safira acerca del dinero que trajeron por la venta de su terreno?
2. ¿Qué le ocurrió a Safira después de que repitiera la falsa afirmación sobre la cantidad recibida?